No todo lo que brilla


NO TODO LO QUE

BRILLA ES ORO

 

Aunque la palabra Cartelización no figure en el Diccionario de la Real Academia Española que es quien acepta y por lo tanto legaliza/convalida  o rechaza la terminología en nuestro idioma, se sabe que, en Economía, Cartelización quiere decir: sistema donde la mayoría de las empresas que participan son prácticamente las mismas o arreglan entre sí.

Hilando más finito, también se dice que las empresas que ejercen la cartelización pueden contar con el aval oficial para presentarse en licitaciones y hasta ponerse de acuerdo para  presupuestar con sobreprecios el valor original de los Pliegos.

En cambio Cártel  o Cartel – con o sin acento en la a –  sí figura en el Diccionario de la RAE y tiene dos acepciones a saber:  

1°) Organización ilícita vinculada al tráfico de drogas o de armas.

2°) Econ. Convenio entre varias empresas similares para evitar la

     mutua competencia y regular la producción, venta, y precios en un  

     determinado campo industrial.

En el Diccionario de la Real Academia Española, la definición de Colegio también tiene dos acepciones. La primera es: Establecimiento escolar donde concurren los niños para aprender, y la segunda es: Sociedad o corporación de personas de una misma profesión, a la que generalmente se atribuyen funciones de ordenación y disciplina de la actividad profesional.

Toda esta introducción “escolar” sobre etimología de las palabras, definiciones, conceptos, y acepciones, tienen de mi parte un solo y definitivo objetivo: volver a los orígenes y llamar a las cosas por su nombre ante la evidente puesta en marcha de una nueva estrategia para dividirnos a los farmacéuticos en todo el país para finalmente imponer un modelo económico, monopólico, y vertical de farmacia por sobre el actual sanitario y horizontal. Basta de eufemismos y pirotecnia verbal. Lo que se busca con acciones intimidatorias es imponer el poderío económico y monopólico de las cadenas por sobre el actual sistema sanitario, y según lo visto el banco de pruebas elegido es Tucumán.

Esto de cambiar de nombre a las cosas por conveniencia para que parezcan una cosa cuando en realidad son otra, viene de comienzos de los años 90’ cuando a las masacres de pueblos periféricos y aldeas cercanas a sus objetivos misilísticos en el oriente medio las grandes potencias oficialmente les llamaron “daños colaterales” y no masacres. De ahí para acá, muchas cosas dejaron de llamarse por su nombre en nuestro mundo globalizado.

Parece una moda de lo superficial, pero es una estrategia. La estrategia consiste en hacerle creer a la gente que es más importante lo que ve que lo que es verdad. Que es mejor la forma que el fondo. El escritor uruguayo Eduardo Galeano fue quien mejor definió estos tiempos: “Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo, y la misa más que Dios”. Y el pensador Italiano Giovanni Sartori fue el primero que hizo sonar la alarma cuando advirtió a la humanidad que el homo videns estaba devorándose al homo sapiens a cielo abierto y a plena luz del día. Pero la humanidad de homo sapiens no lo escuchó porque estaba distraída enviando mensajitos de texto por sus teléfonos celulares o chateando, y cuando levantó la mirada sólo había paisajes y no razones ni explicaciones. En la parte final de su advertencia, Sartori asegura que esta novedad conlleva un grave peligro, porque si la realidad entra sólo por los ojos, su vulnerabilidad es mayor ya que las imágenes pueden ser teledirigidas, como diciendo que si seguimos así, con esta liviandad analítica de supremacía visual y cromática, lo dicho y escrito por el hombre desde sus orígenes hasta nuestros días no habrá servido de nada porque a partir de ahora y si los ojos así lo deciden  todo lo que brille será oro nomás.

Nosotros, desde este Colegio de Farmacéuticos de la provincia de Córdoba, y quien esto escribe en su condición de Presidente, hace ya mucho tiempo que fijamos posición – verbalmente, y por escrito en la página oficial de este CFC - en contra del monopolio y el acopio de medicamentos.

Sabemos muy bien de qué se trata y cuáles son sus consecuencias.

Hemos combatido esa práctica y continuaremos haciéndolo hasta el último día de nuestro mandato y después como profesional farmacéutico. Por lo tanto en defensa de la salud de la población por su acceso al medicamento y de la farmacia sanitaria, esperamos que se realicen acciones tan importantes y urgentes acorde a la circunstancia. La Secretaría de Comercio del Ministerio de la Producción de la Nación pretende sancionar al Colegio de  Farmacéuticos de Tucumán multándolo con millones de pesos a instancias de una supuesta investigación realizada por la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia que asegura que el cuerpo colegiado de la provincia del norte en realidad es un cártel que carteliza medicamentos.

Los farmacéuticos argentinos no podemos permitir semejante antecedente.

Un Colegio, este CFC, no es una asociación ilícita ni un cartel con acento o

sin acento, ni menos ejercemos el acto de cartelización.

Somos farmacéuticos adheridos a esta institución que tiene normas y reglas para el ejercicio de la profesión basadas en la ley y en la ética y el honor profesional de quien manipula una medicación.

En este Colegio estamos seguros que una farmacia es un puesto sanitario y no un supermercado. Por lo tanto la publicidad de medicamentos en las farmacias de la provincia de Córdoba está reglamentada por este CFC porque se trata de medicamentos y no de mercadería. No se pueden promover ofertas de medicamentos según la dolencia del paciente o la altura del mes ni ofrecer combos de ocasión con descuento porque sería inducir a la automedicación. Sería un atentado publicitar como oferta de los días lunes un combo de dos calmantes hepáticos y una caja de comprimidos para combatir la resaca del fin de semana. Un medicamento no es una cerveza ni un paquete de galletitas. Un medicamento está muy lejos de eso.

Definitivamente hay que llamar a las cosas por su nombre. No es posible realizar una operación de marketing confundiendo a la gente sobre la etimología de la palabra Colegio porque vamos a terminar quemando en la hoguera de la duda todos los Colegios incluido el Colegio Electoral formado por un grupo de electores de un mismo distrito o lugar donde se vota libremente para elegir autoridades. Blanco sobre negro. Una masacre no es un daño colateral y una decisión tomada sobre los descuentos y los horarios de atención al público es una decisión de índole comercial y no sanitaria. Mientras el Colegio de Farmacéuticos de Tucumán prepara su apelación tal como ha dicho, debemos abrazarlo en señal de protección y defensa del sistema sanitario. Es de esperar que nuestras autoridades nacionales tengan ya organizado un abrazo al Colegio de Tucumán tal como organizaron aquel abrazo a la Corte Suprema de Justicia de la Nación en defensa del Colegio de Farmacéuticos de la provincia de Buenos Aires del que Córdoba participó con una numerosa delegación. Aunque atienda allá en inmediaciones del Obelisco, el interior también existe y acá también suceden cosas que necesitan de la atención de quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones. Nosotros en Córdoba sospechamos que la sentencia al Colegio tucumano se parece mucho al desembarco de un modelo farmacéutico que prioriza lo comercial por sobre lo sanitario. Si la Secretaría de Comercio del Ministerio de la Producción de la Nación y la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia están tan preocupadas por defender el bolsillo del consumidor, en lugar de hacer demagogia simplista cambiando la etimología de los términos para regocijo de la tribuna partidaria, deberían preocuparse en hacer cumplir la Ley de Prescripción por Genéricos, con lo que, de paso, se alejarían de los rumores que aseguran que tales órdenes son impartidas por los Ceo de las farmacéuticas cercanos al poder.

La prescripción por genérico, además, es lo único que puede romper la trampa tendida por las farmacéuticas desde un recetario donde algunos médicos no dan opciones sino que le ordenan al paciente el medicamento que debe comprar. Allí comienza un juego perverso porque para poder conseguir descuento en los medicamentos que necesita, un abuelo que vive en la periferia o en el interior tiene que gastar más de lo que ahorra pórque debe viajar al centro de las grandes ciudades donde se asientan las cadenas de farmacia que por volumen monopólico compran a mejor precio lo que después despachan como si fuera mercadería. La ley habla de principios activos, no de marcas. Finalmente, debe quedar en claro que un convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta, y precios en un  determinado campo industrial se llama cartelización. Y unirse entre partes con un mismo interés comercial para concretar  un negocio multimillonario aprovechando un cargo y una posición dominante es formar un cartel o un cártel, con o sin acento.

Las cosas por su nombre. De lo contrario a las masacres por el cierre de miles de pequeñas farmacias en todo el país se les llamará daños colaterales y a muchas masacres en muchas provincias se les llamará efecto dominó.

La realidad no puede entrar sólo por los ojos. No todo lo que brilla es oro.

Córdoba, febrero de 2018

 

Farm. Germán Daniele

Presidente CFC