Noticiario Farmacéutico

 

RESPUESTA AL DIARIO UNO DE MENDOZA 

El pasado viernes 15 de mayo del corriente año 2015, con la firma delperiodista Gonzalo Ponce, el Diario Uno, de Mendoza, publicó un artículo referido a la venta de medicamentos en los quioscos de aquella ciudad cuyana. En resguardo de la salud de la población y de los intereses de los profesionales farmacéuticos de Córdoba y de todo el país, el presidente del CFC, Farm. Germán Gustavo Daniele, respondió a tal artículo.

 Como se trata de una evidente falta de conocimiento sobre lo que es un medicamento y sus contraindicaciones, más un criterio periodístico que favorece el mercado negro del medicamento, para consideración de los profesionales farmacéuticos y haciendo uso del derecho a réplica, a continuación publicamos el temerario  artículo del Diario Uno, de Mendoza, y la respuesta del Presidente del CFC.

 


Viernes
, 15 de mayo de 2015 | 21:40

Farmacias polirrubros y quioscos muy controlados por ley 

 

Por Gonzalo Ponce -  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.  


La ley 17.565, que prohíbe a los quioscos vender cualquier tipo de remedios, debería revisarse para ser modificada de modo que se contemplen casos especiales en favor de los ciudadanos. 
Es cierto que los medicamentos no son un tema menor, sobre todo con el descontrol que existe al respecto, los robos de camiones que trasladan esta mercadería y las causas judiciales como la del tráfico de efedrina que envuelve al mismísimo y fallecido ex presidente Néstor Kirchner.
Sin embargo, hay que analizar un poco más lo cotidiano.
Ingrese usted, señor lector, a cualquier farmacia del Gran Mendoza y verá que los mostradores con remedios ocupan un pequeño porcentaje de la mercadería que se vende en esos locales, devenidos hoy en verdaderos polirrubros.

Notará góndolas con carísimos perfumes importados, o bien imitaciones de ellos a un precio más accesible, claro. No faltarán las distintas marcas de shampú. 
Apreciará bijouterie y relojes de diferentes marcas y calidades. También podrá probarse vinchas, pañuelos de seda, guantes, bufandas, lentes de sol y con determinada graduación, aunque estos negocios no sean ópticas.
La lista de mercadería que comercializan las llamadas farmacias shopping, más allá de los medicamentos, incluyendo golosinas, es interminable.
En el mostrador encontrará un empleado que no necesariamente será un farmacéutico -los idóneos y técnicos también lo pueden atender- y a cualquiera de ellos podrá presentarle una receta para comprar un remedio.
Claro que si usted pide el remedio como quien pide un caramelo en un quiosco, aunque su venta sea "bajo receta archivada", tenga usted por seguro que el medicamento irá a parar a su botiquín mientras usted lo pague.
Ni hablar si debe comprar de urgencia, en medio de la noche, cualquier producto farmacéutico de uso común. No solo se lo venderán sin receta, sino a un precio muy caro y, en muchísimos casos, sin factura.
Por eso no se entiende ese ensañamiento de prohibir por ley que un quiosco pueda vender un antihistamínico, una pastilla contra el dolor de cabeza, una aspirina, caramelos antibióticos o un jarabe para cuando alguien se excede con las comidas y quiere evitar que su hígado colapse.
¿Cuál es la justificación para este atropello a la libertad de comercio de los quioscos?: ¿No facturan? ¿Se desconoce la procedencia de la mercadería? ¿Venden sin receta? -hay que recordar que un estudio de la UNCuyo de 2014 reveló que en Mendoza un altísimo porcentaje de farmacias vende remedios de esta forma- ¿Venden en negro? ¿Se aprovechan del cliente en una situación de emergencia?
Nada que no pase en cualquier farmacia.
Entonces, si una farmacia puede vender trabas para el pelo, juguetes para chicos y caramelos o gomitas de eucaliptus ¿Por qué razón un quiosco de barrio no puede vender una aspirineta o un antifebril en caso de emergencia a sus vecinos? Sería un beneficio para esos ciudadanos.
En Capital Federal ya se despegaron de la ley que tenía las mismas prohibiciones. ¿Por qué no entonces tomar ese ejemplo, dejar de favorecer a las farmacias que se comportan hipócritamente como toda una corporación de mini supermercados con este tema y ver si no es aplicable en nuestra provincia?
Quizás los legisladores deberían dejar de realizar tanto proyecto de resolución y homenajes y prestarle atención a este tema en función de mejorarle la vida a la población.
Para eso están.

  

Córdoba, 16 de junio de 2015

 

Señor periodista Gonzalo Ponce

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Señor periodista:

                      Con alguna sorpresa, pero más que todo con cierta desazón, he leído su nota Farmacias, polirrubros y quioscos muy controlados por ley, publicada en la edición  del viernes 15 de mayo de este año 2015 en el diario Uno, de Mendoza.

La sorpresa, agradable por cierto, tiene que ver con que finalmente la prensa (en este caso de Mendoza) se ocupa de la ley que prohíbe la venta de medicamentos en los quioscos, de las farmacias que dispensan medicamentos sin la receta exigida, y de los quioscos que venden medicamentos a pesar que la ley lo prohíbe.

Por la opinión que usted emite, evidencia su preocupación por el bienestar y la salud de la gente, preocupación que comparto puesto que, justamente, como mi vocación es sanitaria para cuidar la salud de la gente, para tal cosa estudié en la universidad pública y es a lo que me dedico.

Como farmacéutico que soy, además, le envío mi agradecimiento por poner a la consideración pública temas tan delicados como los que usted trató en la publicación de referencia y que tienen que ver con la salud pública. Y por ser presidente del Colegio de Farmacéuticos de la provincia de Córdoba, miembro de la Confederación Farmacéutica Argentina, y de la Federación Panamericana de Farmacias, siento que los farmacéuticos a quienes represento también están presentes, y, en alguna medida, compartiendo lo que le transmito.

La desazón en cambio, señor Gonzalo Ponce, la siento por algunas omisiones suyas -  seguramente involuntarias - y afirmaciones que realiza en algunos casos a modo de pregunta. Como esas opiniones están dirigidas a la población, tienen que ver con farmacias y medicamentos, y además de integrante de la población soy experto en medicamentos como todo farmacéutico, su opinión me incluye y sus omisiones seguramente involuntarias me involucran. No sólo a mí, también a los miles de farmacéuticos a los que represento, a los otros miles que no represento, a los miles de estudiantes de Farmacia, a los profesores que enseñan en la universidad pública y en las privadas, y sobre todo a millones de pacientes.

Si me permite entonces quisiera hacer un aporte sobre lo que conozco, ya que sobre quioscos no sé nada.

Como usted sabe, al  hablar de farmacias y medicamentos no sólo hablamos de servicios bien prestados o mal prestados sino, sobre todo, de acceso en forma segura al medicamento y de salud o enfermedad, vida o muerte. Y la salud y la vida o la muerte de las personas, son cuestiones demasiadas delicadas como para dejarlas en la nebulosa de las omisiones.

Acción terapéutica: Analgésico-Antifebril. Efectos renales: nefropatía caracterizada por papilar renal, nefritis intersticial crónica e insuficiencia renal. La fenacetina – derivado del paraaminofenol – es uno de los principales fármacos responsables de la nefropatía por analgésicos, aunque se ha relacionado también con el uso prolongado de AINE y de paracetamol sin fenacetina. Efectos hepáticos: hepatotoxicidad por consumo excesivo, anormalidades en función hepática, fallo hepático e incluso muerte. Efecto pancreatitis: Se observó que la pancreatitis debida al paracetamol ocurría en pacientes que superaron la dosis recomendada. Sobre 814 pacientes con sobredosis de paracetamol, se detectó hiperamilasemia en 246 de ellos, y pancreatitis aguda en 33 casos. Ni le cuento si quien consume paracetamol tiene asma, rinitis, urticaria, úlcera péptica, hepatitis viral o alcoholismo. Las consecuencias son muy graves. Todo esto, señor Gonzalo Ponce, puede  producir el consumo de paracetamol en dosis no controladas, cuya marca más conocida en el mercado es TAFIROL. Le pregunto: ¿Usted cree que un quiosquero sabe esto?

Riesgo cardiovascular, trombosis arterial. Estos son los riesgos que corre cualquier persona que consuma una dosis mayor a lo aconsejado por un médico. Se trata del ibuprofeno, cuyas marcas más conocidas en el mercado son ACTRON e IBUPIRAC. No tengo la menor intención de entrar en comparaciones odiosas o de cualquier otro tipo. No soy sextario ni discrimino a nadie. Pero: ¿usted cree que un quiosquero sabe esto?

Existen más de 14.000 marcas de medicamentos en el mercado argentino. Y no es lo mismo un Amoxidal, que un Amoxidal Dúo, o un Amoxidal Respiratorio. Los tres son amoxicilina, pero los dos primeros de distinta concentración – por lo que se administran de manera diferente -  y el tercero combinado con otra droga expectorante. No es lo mismo un comprimido, que una cápsula, o un jarabe, o un inyectable. ¿Usted cree que un quiosquero sabe esto? El capítulo de las aspirinas es aparte. Existen verdaderos compendios de investigaciones realizadas por científicos argentinos y extranjeros sobre las contraindicaciones de la aspirina. Si quien la consume tuviere, sin saberlo, una incipiente úlcera estomacal, las consecuencias serán muy graves.

Cada uno de los tres medicamentos que le he nombrado – de los 14.000 - a modo de ejemplo, son los que más se venden en quioscos. No sólo en Mendoza sucede esto, o en el Gran Mendoza como dice usted. Esto ocurre en todo el país.

Es más, muchos de los medicamentos que le mencioné ni siquiera están en las farmacias. Sólo se consiguen en los quioscos. Y no se sabe si son originales o falsificados porque ni siquiera han sido controlados, ya que no están incluidos en la trazabilidad a la que estamos obligados los farmacéuticos.

¿Cuáles son las razones por las cuales estos medicamentos están en la calle y no en la farmacia en manos de expertos? No sé cómo le llamará usted, yo le llamo mercado negro. Por eso disiento con usted cuando opina:“…no se entiende ese ensañamiento de prohibir por ley que un quiosco pueda vender un antihistamínico, una pastilla contra el dolor de cabeza, una aspirina, caramelos antibióticos o un jarabe para cuando alguien se excede con las comidas y quiere evitar que su hígado colapse”. Hacer cumplir la ley, no es un “ensañamiento” como usted le dice a la gente, es una obligación de la carga pública. Proteger la salud de la gente, no es “un atropello a la libertad de comercio de los quioscos” como usted afirma. Proteger la salud de la gente, es proteger la salud de la gente. Los medicamentos, señor Ponce, no son caramelos. Venta libre no quiere decir que ese medicamento sea de libre venta. A pesar de esto, hay algo que verdaderamente me preocupa de usted y de sus omisiones. Es más, le diría que ese es el motivo principal de estas líneas. ¿Sabe qué me preocupa de usted como periodista Gonzalo Ponce?: que critique que en las farmacias vendamos collares o carteras y no que en los quioscos se vendan medicamentos libremente.

El mercado negro del medicamento en nuestro país es muy poderoso y está bien organizado. La industria farmacéutica (los laboratorios) en nuestro país factura anualmente más de 60 mil millones de pesos. ¿Usted cree que quien factura por año esa cantidad de dinero descuida el mercado o la plaza donde lo factura? Cómo es que llegan psicotrópicos a los boliches bailables donde los chicos consumen la llamada “Jarra Loca” que es un coctel de pastillas con tequila y vodka. Los farmacéuticos no fabricamos medicamentos. Tampoco los distribuimos. Los farmacéuticos trazamos los medicamentos que nos ordena el Estado. Y trazamos miles de medicamentos, pero no los que se venden en quioscos. ¿Por qué no los trazamos si son los de mayor salida o mayor rotación? Esto mismo le pregunté al entonces jefe de Gabinete de la Nación, Jorge Capitanich, en presencia del ministro de Economía Axel Kicillof y del secretario de Comercio Interior Augusto Costa cuando estuve reunido con ellos. Y sabe qué, señor  Ponce, nunca me contestó.

A los precios de los medicamentos, tampoco los ponemos los farmacéuticos. A los precios los fijan los laboratorios y el gobierno. Los farmacéuticos ni siquiera podemos sugerir nuestros honorarios por la dispensa. Entre los laboratorios (industria farmacéutica) y el gobierno fijan los precios a los que tenemos que comprar el medicamento y al que tenemos que dispensarlo.

Hoy en la Argentina, por cada $10 pesos que le ingresan a cualquier farmacia, $ 6,70 provienen de la dispensa de medicamentos a los afiliados a PAMI. ¿Sabe por qué sucede esto, Gonzalo? Porque después de la gran crisis económica del 2001, el Estado (el municipal, el provincial y el nacional) se convirtió en el mayor empleador en lo que va del siglo. Desde hace casi 15 años, no existe en la Argentina ninguna industria ni actividad que tenga mayor cantidad de empleados que el Estado. El estado es el mayor empleador. En consecuencia, el Estado maneja las mayores obras sociales que existen y también a los jubilados con quienes tenemos convenio para la dispensa de medicamentos.  Para poder dispensarles medicamentos a los afiliados a PAMI, los farmacéuticos realizamos un aporte promedio-país del 14%. Si, así como lo lee: cobramos con quita para poder trabajar con PAMI. Y esa quita del 14% representa casi el 50% de nuestros honorarios farmacéuticos. Y como PAMI nos paga cuando quiere lo que quiere, para poder comer los farmacéuticos tenemos que vender ositos de peluche, perfumes importados o de segunda marca, como usted dice, o !!! gorras, banderas y vinchas, muchacho !!!.

Le pagamos a la droguería a 10 días y PAMI nos paga, en el mejor de los casos, a los 60 días. 

Por eso cuando usted escribe en diario UNO, de Mendoza: “La ley 17.565 que prohíbe a los quioscos vender cualquier tipo de remedios debería revisarse para ser modificada, de modo que se contemplen casos especiales a favor de los ciudadanos” cae en un error – seguramente involuntario - por omisión de los efectos secundarios de cada medicamento y sus contraindicaciones.

El Alplax lidera el ranking de medicamentos con receta archivada más vendidos en el país entre enero y septiembre del año pasado, con 4,3 millones de cajas. Luego, le siguen Clonagin con 2,9 millones, Rivotril con2,4 millones (un 28,8% más respecto del año anterior 2013), Tranquinal con 1,3 millones, y Neuryl  con 1,1 millones de cajas vendidas.

Si usted conoce a un farmacéutico que dispensa medicamentos de receta obligatoria sin esa receta, denúncielo al Colegio de Farmacéuticos de Mendoza. Y si el Colegio de Farmacéuticos de Mendoza mira para otro lado, denuncie ante la ley o ante los organismos de aplicación. En Córdoba, en nuestro Colegio, señor Ponce, tratamos estos casos en el Tribunal de Ética y sancionamos esas conductas con suspensión y hasta con quita de matrícula.

Finalmente, señor periodista, lo invito formalmente a que visite nuestro Colegio de Farmacéuticos en Córdoba. Tenemos un gran Colegio con grandes profesionales en distintas áreas, como descuento que también lo tienen nuestros colegas del Colegio de Farmacéuticos de Mendoza. La idea, la invitación, es para intercambiar opiniones. Lo más probable es que no nos pongamos de acuerdo, pero estoy seguro que conversando aprenderemos el uno del otro. Es lo menos que podemos hacer quienes tenemos cierta responsabilidad social y por un país que nos ha dado todo; y por nuestros hijos.

 

Far. Germán Gustavo Daniele

Presidente CFC

 

 

 

 

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